México Tembló y Yo También

Todos sabemos que el día Martes 19 de Septiembre fue uno de los peores días para la Ciudad de México, ya que ese mismo día a la una de la tarde, hubo un terremoto que destruyó mitad de la Ciudad. Durante estos momentos, yo fui una de los millones de mexicanos que sufrieron durante este terremoto, y para ser honesta, fue uno de los momentos mas tenebrosos de mi vida.

Les quiero contar mi experiencia ese día, y disculpen la longitud de esta historia, les recomiendo que agarren unas palomitas antes de seguir.

Mi mañana había consistido de ir a mi clase de Psicología desde las 8:30 a las 10. Llegué a mi casa a las 10:30 a tomarme una pequeña siesta antes de mi clase de boxeo a las 11:40. Felizmente me tomé mi siesta, hasta ser despertada por la alarma sísmica del simulacro por el temblor de 1985. Yo, por mensa, no había recordado que ese mismo día era el aniversario del terremoto y me enojé que me despertó la mugrosa alarma. En estos momentos de enojo yo estaba esperando a que tiemble y con calma esperaba en mi cama para volverme a dormir, aunque no pude hacerlo porque mi mamá me llamó a la cocina para que la ayude con la comida.

Me bajé a mi clase de boxeo y por una gran cantidad de tiempo le reclamé a mi maestro de como me había despertado la alarma del simulacro y de como estaba enojada, y el lo único que hacía era entre regañarme o reírse de mi. También tuvimos una larga conversación sobre como se sienten los temblores en mi casa, ya que vivo en un piso muy alto (el piso 40 para ser exactos). Yo le decía que a mi no me daban miedo los temblores en mi casa por una extraña razón, y aunque se sienten muy feos, yo siempre soy la que mantiene la calma durante esas situaciones, y obviamente mencionamos el temblor que había ocurrido dos semanas antes.

Por fin subí a mi casa a estar sola, y cuando digo que estaba sola es porque en serio no había ni un alma en mi casa menos yo. Había subido a mi casa de mi clase toda sudada y adolorida, en busca de mi mamá para contarle sobre mi conversación con el maestro, pero como mencioné antes, no había nadie en mi casa. No me importó mucho que no estaba en la casa, entonces decidí encerrarme en mi cuarto a echarme en mi cama antes de meterme a bañar.

Justo antes de que prenda la regadera, el telefono sonó y yo contesté. No recuerdo mucho de la conversación, ya que fue bastante corta, pero recuerdo el momento en el cual el señor de la llamada paró por completo la conversación.

"Señorita, está temblando, no?" El me dijo nerviosamente.

Yo, otra vez de mensa no me había dado cuenta de nada, hasta que empecé a sentir como toda mi casa se movía de un lado a otro.

"Si, si está temblando," yo le dije, y le colgué el teléfono.

Durante los primeros segundos de este temblor mantuve la calma, y estuve a dos de volverme a acostar, hasta que descubrí la verdadera intensidad de este temblor cuando me di cuenta que se estaban cayendo los cuadros de mis paredes.

Mi corazón se empezó a acelerar cuando salí de mi cuarto y literalmente vi como se movía toda mi casa de un lado a otro y de arriba a abajo y yo me movía con ella. Logré llegar al punto de reunión que usamos en caso de temblores, y no se por que, pero esperaba a que alguien llegara a ese punto conmigo aunque estaba sola.

En los pocos minutos que duró el temblor, logré vivir los peores momentos de mi vida. Mi casa se movía fuertemente, las paredes tronaban, las puertas de vidrio chocaban y las ventanas chillaban. Ví como se cayó al piso el telescopio de tres toneladas en el cuarto de mis papas, y escuché como se caían los cuadros y floreros de vidrió por toda la casa. Puedo jurar que en mi corta vida he sentido tanto miedo.

Por fin paró todo y eventualmente los latidos de mi corazón volvieron a la normalidad. De pura suerte logré hablar por teléfono con mi papá y mi abuela antes de que se cortará toda la señal por completo. Me habló mi mamá por el teléfono del lobby para avisarme que estaba bien ella, aunque no entendí como porque ella lo sintió en el elevador, pero me dijo que bajara al lobby con ella por si algo. Tuve que bajar al lobby por el elevador, y se que era extremadamente peligroso, pero ni de loca me iba a bajar cuarenta pisos por las escaleras después de lo que había ocurrido.

Cuando bajé con mi mamá pensé que iba a llorar, si no era del miedo era de la felicidad de estar con ella. Mis vecinas bajaron con sus mascotas y muchachas, al igual muertas de miedo. En algún punto del día logre hablar con el resto de mi familia, lo cual me alivió mucho. Mi papá llegó al edificio un poco después, y no entiendo como llegó tan rápido porque el estaba en el otro lado de la Ciudad. Eventualmente volví a subir a mi casa, pero no fue bonito ver lo que realmente pasó. Había lámparas rotas, vidrios rotos, paredes cuarteadas, muebles abiertos, etc.

En mi vida me habían dado pavor los temblores hasta ese día. He sentido varios temblores, en mi casa, en la casa de los vecinos y hasta en el colegio, y nunca me habían dado miedo, hasta ese horrible día. Agradezco tanto a D-os que mi casa no terminó muy dañada y que toda mi familia estuvo sana y salva, especialmente después de ver los verdaderos daños que causó este terrible terremoto en la Ciudad. Claramente mi valentía murió, y se que en la vida la voy a recuperar, y tengo traumas y pesadillas después de este temblor; y puedo asegurar que de ahora en adelante viviré en casa y no edificio, y si no en mi coche; lo que sea que tenga que hacer para no volver a vivir algo así.

Pero tengo que admitir que en la vida he sentido tanto orgullo de ser mexicana después de ver la valentía y la fuerza que han tenido los mexicanos en estos terribles momentos. Me impresiona y me da tanta felicidad saber que los mexicanos siempre están unidos sin importar lo que pase, y estoy segura que México se va a levantar con mas fuerza que nunca.

Resultado de imagen para fuerzamexico



Comentarios